martes, 22 de marzo de 2016

Introducción: Filosofía más allá de las fronteras

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Filosofía sin Fronteras: Intervención a la Práctica Pedagógica de la Filosofía

En muchas ocasiones se ha notado como una cuadricula embellece muchas concepciones del mundo; por ejemplo, al mirar el trabajo que hace la ciencia, en la cual, se encasilla el funcionamiento del mundo bajo leyes generales o cuando algunos parámetros de la psicología determinan qué causas y qué efectos esperar de determinada conducta, se detona una idea de juicio, de objetividad, de buen desenvolvimiento de una teoría… que lo que en realidad permiten, es embellecer una comprensión del  mundo. Es decir, pareciere como si al otorgarle un único significado a todo, se le entregase el sentido pleno al saber; como si la sistematización permitiera la comprensión plena del mundo. Por eso es que hoy en día se pueden estipular cosas como estandarizaciones en la educación, libros de texto, explicaciones del mundo y el universo desde la física teórica, y así en sucesivo. Lo que aún parece contradictorio, y es justamente lo que se piensa aquí, es como se pueden meter bajo categorías un algo que es comprensible solamente en su diferencia, claro que se habla del hombre, de ese condicionado humano, de ese animal llamado hombre al que todos han tratado de comprender pero que ninguno ha logrado dar una explicación última de lo que es. Si se pone esto de quieto, es decir, si se acepta que el hombre es un ser que no se puede –o por lo menos, no se ha hecho hasta ahora- definir plenamente; se hace necesario realizar esta pregunta: ¿Si no se sabe con exactitud quién es el hombre, cómo se puede entonces definir una educación que le da forma?

El hombre es un ser sin límites, no porque pueda hacer todo lo que desee, sino porque no hay cómo decirle lo que es. Durante mucho tiempo se ha podido determinar que el hombre cuenta con dos partes fundamentales que, a la vez, lo diferencia de todo lo demás y es su cuerpo y su mente integrada a un solo ser. Partiendo de esta definición base todo lo demás ha sido un verdadero embrollo; al afirmar por ejemplo que el hombre comprende objetivamente el mundo porque cuenta con formas a priori de la sensibilidad que le permiten encuadrar el mundo exterior y su mundo interior, lo que se termina haciendo es poner al hombre dentro de un índice ya muy extenso. Lo que sucede es que cada vez que se trata de pensar al hombre mismo se da cuenta que éste es tan complejo que expande sus propias fronteras. Durante mucho tiempo se resumió su indeterminabilidad como un algo que solo era comprensible en lo divino. Cosa que ahora ya se ha contradicho demasiado. Hasta ahora se han hallado parámetros que se convierten en convenciones y que cada vez hacen más y más grande el índice de caracterización humana; pero hay muchas de esas cosas que no se podrían desventurar o dejar pasar por alto. Sencillamente hay asuntos como el hombre es a través de su lenguaje (Rousseau), la condición humana está determinada en la acción (Arendt), el hombre es en su época (Hegel)... que ayudan a pensar el fenómeno humano. Justamente a esto se quería llegar. Todo lo que se ha venido haciendo durante tantos años, es un pensar al hombre y, que al pensar el panorama, donde se ve que todo girará hacia lo mismo –a encontrar que el hombre es más indeterminable de lo que parece a simple vista-, se puede decir que pensarlo será uno de los detonantes más ingentes de conocimiento que habrá.


mafaldita muy humanaSi se piensa, en la educación, sucede lo mismo; solamente que hay un punto de enorme valor que diferencia el asunto epistemológico con lo pedagógico estrictamente, a saber, la cultura. Muchas alusiones, y esto se sabe por la historia, se han hecho dentro la epistemología acerca de la cultura como un algo que enfoca el humano a una forma de ser particular. La diferencia entre el primero y el segundo mencionado, es que en las ciencias estrictas se normativiza y se trata de enfocar que una causa otorga un efecto, lo que pasa con la educación es que dejan eso como indeterminado, en la educación no se sabe justamente quien es el hombre y cómo sería su forma más plena de ser, sino que tratan de dar forma a los infante, atendiendo a las peticiones de su época (cultura). Se podría decir que en esto se desentierra una contradicción. Sí, pues la educación al enfocarse en el cultivo de las buenas costumbres, no podría tener por sentado que sus bases se firmaran bajo libros de texto y conocimiento inamovible; como en realidad se hace. Se podría decir que al tener por objetivo el formar un hombre que esté en la capacidad de ser hombre dentro de su contexto, el resguardar la educación en bases quietas, traería consigo un atributo. Pero no es así, lo que se esperaría es que la educación sacara de su vientre a un montón de seres que actuaran igual y supieran lo mismo, seres con las mismas capacidades y moldeados con la misma forma. Eso, si se ve con atención no sucede, de las instituciones salen personajes tan diversos como diversa es el índice que se ha mencionado arriba. Teniendo esto como idea central se puede decir que la educación debe siempre expandir sus fronteras; se debe enfocar el pensar el componente pedagógico con miradas a la no estipulación de libros de texto por ejemplo. En el caso de la filosofía, se nota que esta le permite al hombre el ordenar su pensamiento bajo el desarrollo de habilidades  que le son inherentes a su naturaleza pensante, y que se deben desarrollar con miradas a la autonomía: se debe pensar en la educación, en el marco que la filosofía propone, con un objetivo claro que es el desarrollo de la capacidad de pensar por sí mismo. Ello hace imprescindible que las aulas abandonen sus libros de texto como contenido a aprender, y acojan lugares de pensamiento crítico que permitan el libre desarrollo del pensamiento, o lo que es lo mismo, tratar de hacer de la educación en filosofía un espacio de desarrollo humano sin fronteras.