Filosofía sin Fronteras: Intervención a la Práctica Pedagógica de la Filosofía
En muchas ocasiones se ha notado
como una cuadricula embellece muchas concepciones del mundo; por ejemplo, al
mirar el trabajo que hace la ciencia, en la cual, se encasilla el
funcionamiento del mundo bajo leyes generales o cuando algunos parámetros de la
psicología determinan qué causas y qué efectos esperar de determinada conducta,
se detona una idea de juicio, de objetividad, de buen desenvolvimiento de una
teoría… que lo que en realidad permiten, es embellecer una comprensión del mundo. Es decir, pareciere como si al
otorgarle un único significado a todo, se le entregase el sentido pleno al
saber; como si la sistematización permitiera la comprensión plena del mundo. Por
eso es que hoy en día se pueden estipular cosas como estandarizaciones en la
educación, libros de texto, explicaciones del mundo y el universo desde la
física teórica, y así en sucesivo. Lo que aún parece contradictorio, y es
justamente lo que se piensa aquí, es como se pueden meter bajo categorías un
algo que es comprensible solamente en su diferencia, claro que se habla del
hombre, de ese condicionado humano, de ese animal llamado hombre al que todos han
tratado de comprender pero que ninguno ha logrado dar una explicación última de
lo que es. Si se pone esto de quieto, es decir, si se acepta que el hombre es
un ser que no se puede –o por lo menos, no se ha hecho hasta ahora- definir plenamente;
se hace necesario realizar esta pregunta: ¿Si no se sabe con exactitud quién es
el hombre, cómo se puede entonces definir una educación que le da forma?
El hombre es un ser sin límites,
no porque pueda hacer todo lo que desee, sino porque no hay cómo decirle lo que
es. Durante mucho tiempo se ha podido determinar que el hombre cuenta con dos
partes fundamentales que, a la vez, lo diferencia de todo lo demás y es su
cuerpo y su mente integrada a un solo ser. Partiendo de esta definición base
todo lo demás ha sido un verdadero embrollo; al afirmar por ejemplo que el
hombre comprende objetivamente el mundo porque cuenta con formas a priori de la sensibilidad que le
permiten encuadrar el mundo exterior y su mundo interior, lo que se termina
haciendo es poner al hombre dentro de un índice ya muy extenso. Lo que sucede
es que cada vez que se trata de pensar al hombre mismo se da cuenta que éste es
tan complejo que expande sus propias fronteras. Durante mucho tiempo se resumió
su indeterminabilidad como un algo que solo era comprensible en lo divino. Cosa
que ahora ya se ha contradicho demasiado. Hasta ahora se han hallado parámetros
que se convierten en convenciones y que cada vez hacen más y más grande el índice
de caracterización humana; pero hay muchas de esas cosas que no se podrían
desventurar o dejar pasar por alto. Sencillamente hay asuntos como el hombre es a través de su lenguaje (Rousseau),
la condición humana está determinada en
la acción (Arendt), el hombre es en
su época (Hegel)... que ayudan a pensar el fenómeno humano. Justamente a
esto se quería llegar. Todo lo que se ha venido haciendo durante tantos años,
es un pensar al hombre y, que al pensar el panorama, donde se ve que todo
girará hacia lo mismo –a encontrar que el hombre es más indeterminable de lo
que parece a simple vista-, se puede decir que pensarlo será uno de los
detonantes más ingentes de conocimiento que habrá.